¿Cómo saber que necesito Vitamina E?

Te ayudamos a descubrir aquellos signos que nos avisan sobre la carencia de esta vitamina, así como las posibles vías para compensarla.

¿Me falta vitamina E? ¿Cómo lo sé?

La vitamina E es un nutriente esencial para el organismo, que nos trae una gran lista de beneficios muy completos para la salud. Sin embargo, existen circunstancias que nos podrían indicar un déficit de vitamina E:

  • Problemas digestivos y de asimilación de grasas.
  • Problemas de funcionamiento del intestino.
  • Problemas del corazón.
  • Problemas visuales.
  • Trastornos neurológicos.
  • Humor irritable.
  • Apatía y depresión.
  • Dificultad para concentrarse, memorizar y aprender.
  • Anemia.
  • Manchas en la piel.
  • Celiaquía.
  • Dietas muy severas en grasas.

Por otro lado, también hay que considerar que esta vitamina se disuelve en las grasas. El exceso de agua podría significar la eliminación de la vitamina E por la orina. Es por ello que sería ideal controlar la cantidad que se ingiere, además de porque consumida desproporcionadamente puede provocar problemas de hemorragias, diarrea o náuseas.

¿Qué cantidad diaria de vitamina E está recomendada?

Hemos visto la importancia de tomar la cantidad justa de vitamina E diaria pero, ¿cuánto es? Para los niños basta con 11mg diarios; para adolescentes con más de 14, sube hasta los 15mg; las embarazadas deberían tomar 20mg y, en adultos, un máximo de 1.500. También pueden consumirlo los bebés de hasta 12 meses, siendo 5 miligramos lo ideal.

¿Podría ayudarme de suplementos con vitamina E?

Existen multitud de alimentos que nos aportan vitamina E de forma natural. Destacan los aceites vegetales (como el de oliva o el de girasol), los cereales integrales (cebada, trigo o avena), los frutos secos (almendras, nueces, pistachos o avellanas), las legumbres (garbanzos o frijoles), algunas frutas (kiwis, papaya, aguacate, calabaza o albaricoque) y verduras (espinacas, brócoli, lechugas o acelgas), las semillas (sésamo, chía, girasol o lino) el pescado azul (pez espada, arenque o trucha), la espirulina, la yema del huevo o la leche y la mantequilla.

A pesar de esta enorme variedad de posibilidades, existen casos en los que no se llega al mínimo requerido y necesario por el cuerpo, o simplemente necesitan un aporte extra para conseguir obtener los beneficios de su consumo. Ayudar al organismo a recibir esta vitamina a través de los suplementos alimenticios, sin duda, es una buena alternativa para superar los problemas que implican su déficit.

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